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Séptimo Encuentro de Escritores
Eldorado 2009
"Leyendo Leyendas"

El Cazador *

de Theodosio A Barrios (Eldorado –Mnes-RA)

Grupo Literario Dementazul

Desde esa perspectiva veía nítidamente sus movimientos. La fronda florecida del gran Timbó no era impedimento para su aguda vista de cazador centenario. Estaba en un reducido sobrado, como un bulto oscuro de harapos. Los pies colgando, con el típico balanceo infantil que denota expectativa y agitación a la vez. Su silbido era suave y espaciado. Distintivo de este peculiar cazador de la selva misionera. Observaba.

El de abajo hizo a un lado las gigantescas y ácidas ortigas que apenas dejaban ver el pequeño trillo que sólo él podía advertir. Nadie más que él sabía las costumbres del que lo estaba mirando desde lo alto y de ello se ufanaba en algunos bares del pueblo.

Todo parroquiano con quien había tratado repelía sin reparos la extraña sustancia humana que caracterizaba a este personaje: callado, introvertido, meditabundo, de mirada esquiva y solitario, era una inspiración de irritación y de recelo. Lugar de colonos y jornaleros, familieros los primeros y gente ruda los demás. Machete terciado en la espalda, exageradas botas marrones hasta las rodillas, un metro ochenta y cinco de músculos malolientes a tabaco y caña; pero a pesar de ello, se lo veía atlético y sereno. Tan sereno que hasta miedo daba verlo por las polvorosas calles del lugar. Nadie sabía de su pasado. Sólo chismes fantásticos lo hacían respetado, pero no querido. De más está decir que no tenía amistades, ni siquiera personas que supieran de sus costumbres y paradero. En un pequeño bolso de cuero roñoso, que pendía de su hombro llevaba su extraño artefacto de caza, ya que cuando iba a la cantina del pueblo para abastecerse, no la exponía ni alardeaba con ella. En fin, este era el "cazador loco" del poblado.


Apoyó una rodilla en la húmeda tierra cubierta de verde donde hincó también su machete de mango largo y levantó del rastro, lo que parecía un pequeño cristal. Lo olió, lo puso en la boca y al instante escupió el minúsculo grano de sal que se hallaba prolijamente dispuesto por todo el trillo...

Sabido es que si se lo escucha fuerte y claro “él” se encuentra muy lejos. Por el contrario, como ahora, la presencia cercana del duende estaba marcada por el sonido suave y lejano de su silbato característico.

-¡¡Te voy a encontrar hijo de puta!! Gritó el cazador humano.

Se escuchó nuevamente el silbido que sonó como una risa burlona y desafiante.

-¡Sé que me estás escuchando!, aulló después desesperadamente levantando el brazo, donde sostenía firmemente la ballesta.

Avistó, desde su posición sobre el árbol, ahora inmóvil y alarmado, el destello platinado de las tres puntitas del dardo, mientras olfateaba claramente la adrenalina del que lo estaba retando desde abajo en la espesura; cerró los ojos levemente y se alimentó con esos vapores tan deliciosos del miedo y la ira, a la que él estaba destinado a consumir desde tiempo inmemorial.



El menudo travieso, que tiene por costumbre tirar piedritas a los desprevenidos cazadores furtivos selva adentro, era oriundo de una aldea de gnomos. Él había nacido en una remota época en que sólo habitaban los aborígenes y el hombre blanco aún no había pisado este suelo virgen. El lugar es incierto y nadie sobre la faz de la tierra puede dar fe de la ubicación de esta colonia y de sus pequeños habitantes. “Presencias” tímidas que habitan aún hoy en lo que queda de monte. Una mezcla de ángeles terrestres casi invisibles a la vista humana. Ellos son considerados los guardianes del espíritu de la espesura.

Pero él era especial, su forma era diferente. Su carácter picaresco y a veces altanero, lo hacía tan temible como elogiado por sus cualidades mágicas, con las que, invocándolo se logra conseguir cosas imposibles. Su virtud mayor es la de ser protector de los que se extravían en la jungla y en los pueblos buen “abogado” ante pleitos de todo tipo.

Estaba destinado a deambular solo por los laberintos selváticos, aunque a veces se le hacía difícil sobrellevar tanta soledad.

Vino al mundo junto a una centena de bebés de extrañas características. Todos sin dedos en los pies, y esta era una condición favorable: los hacía irrastreables pues al hallar sus huellas, como lo había logrado el cazador, no se puede saber el sentido y dirección de sus pasos. De día eran de un rubio espléndido y durante la noche mutaban a un cobrizo de cabellos negros, con aspecto de aborigen pequeño, tan anciano como ágil- El líder de la colonia de duendes los vio como una señal temida... Fueron tratados como mascotas por largo tiempo y no se les permitía jamás estar juntos, fueron amarrados a diferentes árboles del monte, dispersos, y a su vez dentro de un reducido corral de espinas para que nadie se les acerque y les enseñe palabra alguna. Eran alimentados con las sobras y de vez en cuando algunas raíces cercanas a su árbol bastaban si los mayores no traían comida. Cuando todos cumplieron once años, se manifestó lo temido por el patriarca: llegaron los gigantescos hombres de tierras lejanas. Cortando, asesinando, contaminando con sus ruidos y olores todo el sagrado templo verde, hogar perfecto para esta raza primitiva de pequeños duendes. "Creaturas sin nombre", -decían de ellos, los demás... Al tercer año de nacidos ya duplicaban en estatura a sus progenitores. Además de los niños curiosos de este género, alguno que otro pájaro se les acercaba. De estos últimos aprendieron a comunicarse con sonidos similares, silbidos de diferente intensidad. Y esa colonia dispersa de confinados, foránea a la villa de los que los habían oprimido, dialogaban entre ellos con estas resonancias sin siquiera verse unos a otros. Cuando lo hacían aterraban al resto de sus habitantes.

Los primeros predadores de la selva entraron a sus dominios en grandes barcos, trajeron caballos, perros y hasta otros humanos que se hacían llamar “colonizadores” con sus raras costumbres de otros lugares. Ese era el presagio temido, y los prisioneros muy pronto fueron abandonados a su suerte. El asentamiento de duendes se internó monte adentro borrando todo rastro. El patriarca los expulsó, desatando a los blancos y rubios en horas de la siesta y por la noche a los oscuros. Tal fue la impresión que tuvieron al verse unos con otros que al instante se dispersaron por todas las selvas del planeta.

Los perros se encargaron de algunos de ellos, pero tales canes ya no volvían al campamento, y si lo hacían, se mantenían al margen de sus amos muriendo al poco tiempo de inanición.

Él particularmente, no se resignaba a su soledad, por lo que a veces secuestraba algún niño de esos hombres que vinieron. Vagando de aquí para allá y haciendo piruetas llamativas los inducía a que se internen en el bosque.

Así como un vampiro se alimenta de la sangre de los animales del monte, o como una garrapata succiona, sin ser notada y en silencio; acechando, merodeando, él se alimentaba de la turbación de los habitantes de las casas que lo escuchaban silbar. Los pequeños poblados como éste eran especiales para sus días de caza. El sin nombre del sobrado en el timbó era muy respetado, y sobre todas las cosas, temido hasta por su colega humano que ahora lo desafiaba desde abajo.

En uno de estos poblados, rodeados de bosques espesos, conoció a Tarsisio mientras pescaba en la costa del Bonito; la inocencia lo conmovió profundamente. Como todas la veces que halla a uno de estos, sus miradas cariñosas y puras... Siente tan profunda necesidad de protegerlos para que no sean tratados, como lo fue él en su niñez. Toda esta frescura aviva de tersura sus intensas arrugas faciales y su lacio pelo se pone aún más rubio.


-¡Sí, sé que me estás escuchando petiso!...

Sacó una piedra de su gran bolsillo y la arrojó como al azar. El cazador sintió el estampido y luego el ardor de las ortigas en su boca contra la maleza, el dolor fue ínfimo ante el terror que sintió... tres o cuatro piedritas a un costado del fornido simulaban sus pasitos...

De un salto, tomó el machete y rebanó desesperadamente una perfecta circunferencia en torno a él...

El de arriba, ya no pudo contener el fuerte hormigueo que le ocasionaba el cuadro y soltó su conocida carcajada de piar de pollitos.

-¿Pp... por qué no venís.? -¡¡Hacete veeer malandra de mierda!!.

El silencio fue la única respuesta. Y el hombretón escupió nuevamente triturándose los dientes por la bronca que le ocasionaba ese simple juego del innombrable duende del codiciado bastón de oro.

A unos pocos metros venían varias personas a los gritos, llamando a Tarsisio que le había hecho compañía por algunos días...

Torció la boca, desconsolado, y se entristeció repentinamente al intuir que esas personas que gritaban venían por su pequeño compañero. Sin embargo debía dejarlo partir pues esas criaturas se ponían grandes y fuertes, y envejecían perdiendo agilidad a medida que pasaba el tiempo, y ya dejaban de ser divertidas.

Llegaron los padres del niño hasta la circunferencia, que había cercenado en la maleza el bravo cazador, y sólo hallaron la ballesta, el machete y jirones sobre un gran hongo amarillo y putrefacto. Unos metros más allá al pequeño de seis años en una enramada de espinas.


Tarsisio volvió con sus padres, no así el "cazador loco" del poblado que un día habría sido tocado por el bastón dorado del anciano con cuerpo de niño.

Se comenta que el chico trajo dentro de sí al duende que lo había “cazado”. Habla poco y come muy despacio si se lo obliga, duerme acurrucado y de vez en cuando llora o ríe quién sabe por causa de qué sentimientos o vivencias de su cautiverio, no tiene amistades y juega solo cerca de un gran árbol en el patio de su casa.

Se cuenta que el verdadero cazador de la siesta sigue merodeando estas tierras y cuando se encuentra un gran hongo fétido monte adentro, hay que santiguarse y rezar, pues éste es el último rastro que dejara alguien que buscaba al dueño del bastón dorado para desafiarlo y cazarlo.



Theodosio A Barrios

Grupo Literario Dementeazul

Eldorado (Mnes) 2005

Dibujo de Eduardo “Chipi” Da Silva

* Del libro “El Cazador y otras prosas de Misiones”




Viernes... “Lobisome”

de Theodosio A Barrios (Eldorado –Mnes-RA)

Grupo Literario Dementazul


CAPITULO IX *

El flaco canino del corredor trasero de la casa aulló y uno de los niños se acurrucó abrazando los pies de don Inambú.

-E’ un Lobisome abue?, preguntó uno de ellos al nonagenario melancólico.

-No tenga miedo mijo, a lo único que hay que temerle es a otro hombre y no a las cosas que no puede ver. -Sereno, aconsejó Macario acariciándole la cabeza.

Suceso 6

Expira el sol a lo lejos, aun más lejos que los entornos satinados por las sombras todavía calientes de la siesta, como una gran araña calcinante de patas invisibles y abrasadoras. Creciente y burlón Lucero le pone límites a los ojos curiosos de la celeste premura de medio planeta.

Por una calle de tierra un jinete va huyendo de quién sabe qué maldición: Lleva en su andar nervioso, torbellinos de ansiedades por llegar, y desarmarse el alma dentro del rancho.

Las voces se vuelven graves, los ojos huecos, melancólicos y esquivos mientras la quietud del monte se agiganta.

Unas manos rugosas, rasgando el perenne silencio con que se saluda al dueño de los colores, majestad el sol, como cuando lo que sólo se espera es la muerte, también en ese rito clama loas al príncipe del firmamento nocturno, Lucero.

Seniles y juntas se esconden las manos tras el tiempo de lo que fue necesariamente igual para todos los mortales de estas tierras. Un día más.

Ignorantes se sumergen en sus temblores las brillazones danzarinas de los arroyos. Besos de bruma y ojos húmedos, granates despliegues a oriente, cabelleras de nubes anaranjadas. El remanso cálido de las horas que alientan al regreso, el hogar, el reviro, la caña o el vino en la mesa.

A esta gente le es necesario poco para vivir. No le teme a la noche ni a las veredas de la espesura, porque son parte y todo lo formidable, de ese gran misterio indescriptible de colores que tiene Misiones aun cuando oscurece. Y la sabia trilogía es luz, reflexión y desesperanza. Es naturaleza pensante; inteligente sonambulismo de sangre, energía impalpable y tenebrosa y resina húmeda y vegetal en las manos.

Pero, hoy es viernes en el Alto Paraná. Hay luna, y es luna llena. Hasta el viento habla de a momentos... Los caminos parecieran dar brincos y en sus esquinas se proyectan largas sombras... Las piedras cobran vida y se cruzan a un lado y otro de las picadas.

Doña Piririta, apesadumbrada, muestra hacia fuera a los parientes incrédulos llegados recientemente de la ciudad, sin decir palabra... Casi pueden adivinar un vago sortilegio de terror en su cuerpo añejo... En su diestra cuelga un rosario que transpira y en sus labios, pegoteado, el Credo de los cristianos. Los siete poderes de Satanás ya no tocarán esta casa..., -explicó

-Gloria a Dios y a la Virgen santísima... gimió luego.

El tiempo de la distancia y las dimensiones del tiempo son sólo uno, un todo y nada sostenido. Misiones...viernes.

Hasta se pudo percibir el quebranto atrevido de algún sueño mal concebido por la fe erradicada quizás por estos mismos hombres de sueños de cemento, los que trajeron largos Credos o quizás por el miedo que ahora es soberano en todos... Los sordos ruidos de la madera ardiendo. Un Padrenuestro a medias, el murmullo de las hojas en el techo. Ya la gracia del sueño, sin embargo, predomina en la cabaña purificada por las plegarias de la vieja... Las mellas del cansancio se irán templando según el miedo vaya cediendo.

Y el letargo se alojará hasta en los huesos. Cuajado viernes. La luna blanca aprisionada en algún ángulo de la bóveda. Misterioso y calmo merodea un susurro en estas lúgubres comarcas, azoradas por el analfabetismo y el hambre que acorrala sin treguas: Erizante sombra que aúlla desde el corazón de una negrísima áurea. Todas las voces se ocultan tras las hogueras improvisadas para menguar la enfermiza humedad convocando con palabras de nerviosos acentos la memoria de la luz ausente.

Pánicos de sombras, estampidas blancas en las médulas de los presentes. Los grillos y las ciénagas pululantes, letárgicas, ahumadas, contagian de esa fiera sensación de cisterna hueca a las sienes...

Año tras año estas extensiones rojas se fueron poblando y los extraños entornos de los mitos y leyendas son de a poco extirpadas por la incredulidad de los nuevos regentes de las sierras y los montes... Pero por la mañana, las huellas están -“las que deja el aguará guazú son pequeñas en comparación”... nadie lo explica desde el asombro colectivo; sólo rumores mudos de ancianos que asienten la real presencia de algo ya visto otras veces, y el estremecimiento en los jóvenes aun escépticos... Pero, nadie lo revela certeramente, sólo dicen que dicen que dijeron, hasta los propios curanderos callan, porque nombrar al desolado es convocarlo, pues el nombre mismo es un salmo a la angustia y a la muerte, y callarlo agudiza aun más el misterio hasta los propios límites de la congoja.

El ámbito se hace dueño de las atormentadas bocas. Las hace sabias, y con ese extraño rito de decir “LOBISOME”, van atando sus pobres almas con heladas mortajas invisibles. Luego, sigilosos, niegan el bien absoluto que los ampara, aun cuando el sol inserta su manto de colores de vida a las conciencias de la corteza.

Palabras perniciosas definen fauces y rugidos increíbles, y formas ágiles de algo “como un perro muy grande de patas largas y sin rabo, frente hundida, cabeza redonda, la barriga muy hinchada, y pelo largo sobre el lomo”, grotescos testículos ostentan un pene minúsculo, como el cerdo. Siete leguas debe caminar esta noche para que la maldición lo abandone o pasar entre las piernas de alguien para pasarle tal maldición, y nada más.

Este sexto día que termina, fue el bautizo de los aprensivos visitantes, una comunión con lo no creíble.

En las casas se desperezan sus habitantes de la noche de otro viernes de insomnio... Se recuerda primavera vagamente... Se olvidan los credos y otros renuncian tardíamente, a los pactos desesperados con el arrojado de los cielos para que lleve a su creatura a otros horizontes...

Pero, en algún camposanto hay otra sepultura removida, de algún ánima sin extremaunción, huesos trincados, reblandecidos, aun espumosos. Los gallos y los puercos casi a la par anuncian tímidamente “-¡Bendito sea Dios!” y a esta plegaria viseral se oye agregar a la vieja curandera –“¡Gloria a Dios y a la Virgen Santísima... !”, - Al unísono los mas jóvenes, con sus eléctricas miradas, dijeron ante toda esa confusión sin poder ocultar el vacío estremecimiento de sus labios, espaldas y entrecejos, dando gracias y loas a los ángeles custodios que trajeron al nuevo día. Todo junto, conjunción de pensamientos y cuerpos doloridos., palabras no del todo razonadas

–“VIERNES LOBISOME... Es solo una leyenda, abuela...”,



* Del Libro “Cuentos de la Picada” (Th Rocha Barrios Ediciones – Eldorado Mnes Marzo de 2006)




Breve Reseña biográfica del autor

Barrios Theodosio Andrés – (thbarrios@gmail.com) Integrante activo del Grupo Literario Dementeazul de Eldorado (Mnes) y fundador del Taller Literario “Upetrés” que funcionara en la Unidad Penal III de Eldorado - Publicó, en 1983 (“Como decirte...?”) Poesía, “El Vademécum de la Picada” oct/02 – (1ª.Edición), “El Cazador y otras Prosas de Misiones”- sept/03, “El Vademécum de la Picada” Mayo/05 – (2ª.Edición), “Carta a Satán” Mayo/05 y “Cuentos de la Picada” Marzo/06 – “Miserere” Oct/07 y en 2009 “O_misiones” y “Calendario 2009 Cáscaras y Semillas” - Editó, con el Grupo Literario Dementeazul: “Antología 2002- Cuentos y Poesías-, Antología “Primer Encuentro de Escritores – Eld 2003 – ‘Paz en el Planeta Azul’”, “Antología 2004 – Cuentos Infantiles”; “Antología “Segundo Encuentro de Escritores–Eld 2004-‘El agua es vida la Vida es como el Agua”; Antología “Tercer Encuentro de Escritores – Eld 2005-‘Andresito Guacurarí, Venado Indómito”, Antología “Cuarto Encuentro de Escritores – Eld 2006-‘Los Cuatro Elementos”, Antología “5to Encuentro de Escritores – Eld 2007-‘Identidad”. Con sello editorial propio bajo el nombre th barrios rocha ediciones publicó obras de varios autores con características y temáticas combativas en sus letras. Con la misma edita cuatro autores misionenses por año (Más información en WWW.THBARRIOSROCHA.COM.AR) En 05/2009 publica “4 Manos” juntamente a Vasco Baigorri, Vildo Pioppi y Eduardo Monte Jopia. Todos miembros fundadores de FUCAR (Fundación para la Cultura Argentina)

Grupo Literario Dementeazul thbarrios@gmail.com TE 03751-430297 - Cel 03751-1547 7333