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Séptimo Encuentro de Escritores
Eldorado 2009
"Leyendo Leyendas"

La Leyenda del Vasco Aullador

de Vasco Baigorri

Aristóbulo del Valle (Mnes)



Cuentan que se lo escucho por primera vez en una siesta calurosa de Yacuiba, en Bolivia. Pero la realidad es que fue en la madrugada de un primero de enero en la selva misionera en el salto Berrondo, donde algunos investigadores aseguran haber hallado marcas de sus uñas en las piedras que mojan esas aguas claras.

La leyenda, si es que lo es, creció sin límites ni fronteras.

Las mujeres de distintas regiones cuando lo oyen aprietan su vientre, mientras sienten una mezcla de temor e intimo placer. Los hombres, pensativos, se pasan la mano por la cabeza y, recordando los mayores e imaginando los menores, asienten comprensivos.

No hay una hora ni un momento especifico, puede ser una madrugada, o una noche de luna llena o en cuarto creciente. No hace falta una tormenta para que llene el aire y arranque suspiros.

Nadie se espanta, por el contrario, todos detienen por un momento sus actividades y levantan la vista con una mirada melancólica, hasta los de más duro corazón, y de sus pechos sale un hondo suspiro que les cambia el resto del día.

Se podría pensar que un olor a azufre inundaría el aire o que un viento tormentoso arrancaría arboles de cuajo, pero no es así. Es como si un suave perfume de margaritas y azahares se llegara sutil y envolviera el lugar dejando al irse aroma de amores.

Las madres no corren a ocultar a sus hijas adolescentes, sino que las contemplan con ojos tiernos de las que saben de amores y los padres, las miran con celo disimulado, mientras, de lado, observan a los varones con la piel erizada en recuerdos de pastos, rocíos y rincones oscuros en los que las pasiones no tuvieron más freno y las manos desanduvieron el camino de los siglos.

Siempre empieza suave, es casi un ulular de mariposas pero va creciendo, como crecen las ansias y termina en un sonido grave, asfixiado, jadeante, agitado como las alas del colibrí en primavera.

La imaginación popular lo ha descripto en mil formas diferentes, de acuerdo al gusto y sueño de cada una de las personas a quienes los investigadores preguntaron.

La ciencia estaba preocupada por lograr establecer su perfil y cada vez se le hacia más difícil. Nunca encontraban los datos que coincidieran con la exactitud precisa que requerían sus estudios.

No podían establecer cual era el lugar en que habitaba, porque hablaban de él en el centro las ciudades y en la periferia, en el campo, en los valles y en las montañas. Cada quien en su idioma, cada cual con sus modismos, pero todos con un extraño y melancólico afecto, lo nombraban sin miedo.

Para este era flaco y alto, rubión, de mirada dulce y tranquila que demostraba soledad. Para aquella mujer entrada en años, pero de buena memoria, era morocho y con unos profundos ojos verdes que cuando miraban se metían dentro de una y un chamamé sacaba a bailar al corazón.

Una adolescente miro al serio investigador de nariz curva y flaca sobre la que unos anteojos se mantenían en equilibrio inestable, con tal dulzura que este no pudo menos que meter sus dedos, también flacos y amarillos de intelectual nicotina, en el cuello de la camisa para poder tragar y le dijo simplemente “Usted jamás entendería como es él”

Le preguntaron también a una pareja enamorada, que abrazada se paseaba por las calles de una ciudad de Salta y su única respuesta fue mirarse, sonreír y seguir caminando, su mundo era otro.

Los que siguieron en el interrogatorio fueron un niño que jugaba a la pelota con sus amigos y una niña que con sus amigas recreaba el juego de las muñecas en la época de la descarnada cibernética.

Él, dijo, mientras se subía las medias para tapar las rodillas sucias y bufaba por haber tenido que suspender momentáneamente el partido, así su madre no decía que era un grosero y lo dejaba jugar un rato más en la plaza: "Que pavada, solo existe en la cabeza de mi hermana mayor que se pasa el día leyendo poesías estúpidas y románticas” y ella contesto con un suspiro: “Es igual a mi papá”.

Averiguando aquí y allá los incansables destripadores de leyendas, mitos y cuentos obtuvieron datos fehacientes sobre su presencia en la ciudad de Resistencia y hacia allí dirigieron el norte de sus estudios y pesquisas.

Hicieron preguntas por todos lados- Villa del Carmen fue su lugar preferido – y cuando creyeron que tenían resuelto el rompecabezas de sus investigaciones, su presencia les fue advertida en Aristóbulo del Valle, un pueblo del centro de Misiones donde dicen que existe un maravilloso salto encantado y que lo podrían hallar en sus cercanías.

Como es comprensible, creyendo, una vez más, que estaban al borde de desentrañar la verdad para beneficio de la ciencia, la posteridad y para todos los hombres del mundo, partieron raudos, aunque no creyeron en la versión circulante de los que decían haberlo visto montando un caballo azulejo o rondando en un águila dorada.

Lo cierto es que llegaron en una rara, por lo fresca, noche de enero y mientras miraban extasiados el Salto Encantado, lo escucharon.

No pudieron seguir hablando sobre sus logros y proyectos, los gano el silencio y más aún cuando vieron, gracias al brillo de una luna cómplice, que a su flaco y desgarbado colega se le endulzo la mirada y suavizo el rostro, porque otros ojos se habían quedado en los suyos y el corazón le palpitaba al ritmo de las caderas, que ahora se alejaban, después que su dueña le dijera en el lenguaje cifrado de sus pestañas: “Soy tu dueña, sos mi dueño”.

Por supuesto, la ciencia perdió un investigador, la vida, gano un jugador.

Los científicos, aceptaron, aunque no comprendieron, la deserción de su par y siguieron tratando de lograr testimonios fehacientes que les permitieran conjurar el misterio que los enloquecía.

Aunque esa noche en el parque del salto nadie quiso perder su tiempo con ellos. La luna era magnifica, el cielo estaba estrellado y las flores estallaban en eróticos olores.

Pero ninguno de los tres pudo olvidar lo que escucho, porque fue un retumbar de bombos en el parche de su memoria, por eso volvieron al pueblo en un silencio que no querían romper.

Pasaron por sus cabezas noches de facultad, de libros abandonados y sabanas aceptadas, de caminatas sostenidos por una mano y promesas de eternidad. Escucharon, por primera vez, el corazón de sus hijos al ser concebidos.

Ninguno quería hablar esa noche, solo se miraron hacia dentro con los ojos en las palmas de las manos, sentados en el borde las camas.

Comprendieron que al otro día su trabajo ya no sería igual y una ansiedad de amor les mojo los labios, mientras la enredadera de la melancolía se prendió en sus almas.

Crecieron las cuentas del teléfono para esas habitaciones en la factura chismosa del hotel.

Fieles a su vocación y con profundas ojeras, de una noche en la que el sueño se negó a visitarlos, aunque más mesurados ahora, consultaron sus notas, volvieron a escuchar grabaciones. Fue ahí cuando decidieron comprar un mapa y marcar con una línea roja el recorrido que las fechas y los lugares les decían que el motivo de sus desvelos había realizado.

Un brillo de alegría les ilumino los ojos, pero se apago al ver que la ruta subía y bajaba, iba y volvía. Parecía estar acá pero luego figuraba allá.

Una espiral de líneas y fechas lleno el mantel multicolor en que se había transformado el mapa sobre la mesa del café.

Al borde de la desesperación uno de ellos dijo: "¡Basta!, ¡no existe!, es solo una ficción”. No hizo falta la respuesta del resto para que entendiera que no podía negar lo que él mismo había escuchado, aunque su desilusión fuera el no haberlo visto, cosa que necesitaba para darle rigor científico a lo que su oído le había dado la prueba.

Golpeó la mesa abatido, derrotado, perdiendo los dedos entre su pelo y con la otra mano cubriéndose la nuca.

Caía la tarde y un suave color rosado se veía desde el mirador del “Kuña Piru,” donde el grupo de científicos había detenido su auto para contemplar uno de los regalos que nos hace la vida. Fue ahí que una joven mujer se les acerco y mirándolos con ternura les dijo: "Aunque sus científicas mentes no puedan aceptarlo, porque no es físicamente comprobable, el “Vasco Aullador en Amores” existe y yo lo sé.”





Breve Reseña biográfica del autor

Baigorri Vasco vascobaigorri@yahoo.com.ar Nacido 19 de Enero de 1950, Licenciado en Periodismo, Director de Fm 98,1 “ La Resistencia”. En 1968 en el diario “El Eco” publica por primera vez. Su primer libro “Soy yo a pesar de mi”, galardonado con la Faja de Honor 2000 por la Asociación Argentina de Escritores, el segundo “El País de las Naranjas Amargas” publicado por concurso por la Universidad Nacional del Nordeste en el 2002, “Algunos Cuentos” en edición artesanal. “Las Cabañas” en el año 2008. Juntamente con Vildo Pioppi, Eduardo Monte Jopia y Theodosio A Barrios publica “4 Manos” -Poesía erótica (Th Barrios Rocha Ediciones – 05/2009). Miembro fundador de AVE (Aristóbulo del Valle Escribe) entidad que desde 1998 realiza un encuentro anual de escritores en la provincia de Misiones, integra otros grupos literarios. Ha dictado charlas y conferencias dentro y fuera del país, algunos de sus cuentos se llevaron al teatro. Desde1997 junto con el cantaautor chaqueño Néstor Guevara conforma el grupo musical “Nosotros” que presenta un espectáculo del mismo nombre, con temas y musicalización propias. Como ecologista integra desde sus inicios en el año 1993 el Grupo Ecologista Cuña Pirú y es miembro del Equipo Misiones de Pastoral Aborigen trabajando para las comunidades Mbya Guaraníes de la provincia de Misiones. Miembro Honorario de la Asociación de Poetas de Aimogasta (APEA) – Aimogasta – La Rioja – Argentina. Distinguido por la Feria del Libro – Oberá, Misiones – por su labor en la difusión cultural 2003. Fundador y Coordinador de la Feria Itinerante del Libro Artesanal desde Julio 2004. Distinción “Árbol de las Letras” otorgada por la Asociación de Escritores de San Vicente Agosto 2004. Integra el equipo de dirección de la revista literaria “Viga Poética” desde Junio del 2005. Director de la Revista “Poesías y Poetas”, fundada por Cesar Enrique Juncos, desde 1996. Distinción “Por la Poesía” Llave Editorial 3+1 Agosto 2006. Miembro fundador de FUCAR (Fundación para la Cultura Argentina) -


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