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Séptimo Encuentro de Escritores
Eldorado 2009
"Leyendo Leyendas"
Creer o creer

Nilda Boni

(A. del Valle)

Creo que fue en 1965 cuando mi marido decidió que fuésemos a vivir al pueblo de Dos de Mayo, alquilamos unas tierras y nos dedicamos a hacer ladrillos a mano. Vivíamos cerca de un colono que tenía un molino de maíz y no estuvimos más que unos meses, porque mi marido decía que la tierra “no servía”. Entonces nos trasladamos al kilómetro 237, muy al fondo. Alquilamos unas dos hectáreas y allí sí que elaboramos muchísima cantidad de ladrillos. El problema era cuando llovía mucho porque no podían entrar los camiones para comprarlos. Antes de poder levantar una casa donde estaba el malacate, vivíamos en un galpón que era del señor que nos alquiló las tierras.

De ese lugar guardo una experiencia extraña y desagradable. Recuerdo que una noche estábamos sentados alrededor del fuego, junto a mi marido y a un sobrino suyo. Yo estaba embarazada de mi primer hijo y cerca de dar a luz. Los dueños vivían en el mismo galpón, pero en la otra varanda y tenían muchos cerdos, gallinas ponedoras y pollitos en un gallinero. Era un viernes y a eso de las nueve de la noche (o quizá más tarde, como no teníamos por entonces reloj…), lo cierto es que nosotros ya habíamos terminado de cenar, cuando de pronto, los perros empezaron a ladrar mucho y las gallinas a gritar desbandadas en el gallinero. Entonces el sobrino se levantó y vio aquél enorme perro que se le vino encima; pero Faustino (mi marido) lo espantó con un tizón encendido. Yo me encerré, absolutamente espantada. Mi sobrino gritaba: ¡es un lobizón! Fuimos a llamar al dueño de casa, pero no lo encontramos, incluso su señora lo buscaba sin saber qué explicación dar, puesto que su marido se había ido a acostar. A la hora apareció y se fue derecho a la cama sin dar ninguna explicación ni siquiera preguntó qué había pasado. La señora tampoco agregó más nada... Esa misma noche yo le pedí a mi marido para irnos de ese lugar, me entró un miedo enorme.

Nos trasladamos, como dije, a la vivienda junto al malacate, donde estuvimos un año entero. Vivíamos en una casita con techo y paredes de tacuara. Pensé que mi marido estaba loco, pero no, a pesar de lo que suponía yo, no pasaba el agua de lluvia, apenas unas pocas gotas cuando empezaba a llover, pero después ya no. Por el contrario, las gotas provocaban apenas un golpeteo muy suave y relajante, tan distinto al estrépito enloquecedor de un techo de zinc… estábamos, por entonces, tan en armonía con la Naturaleza, que cantos de aves, murmullos del agua del arroyito y el silbante susurro del viento en las ramas nos acompañaban desde el amanecer hasta el momento de dormirnos cansados.

Pero la Naturaleza tiene esos misterios que nuestra mente racional no entiende quizá y por eso causa intranquilidad. Algo del lugar me inquietaba. No sólo lo del incidente del misterioso y horrible perro; sucedían otras cosas fuera de lo común. El arroyo corría encajonado por altos barrancos. Nosotros le llamábamos “la zanja” (durante la noche se oían gritos extraños que uno no sabría definir si eran de animales o no). Mi vida se fue volviendo un manojo de nervios por el temor constante, esa sensación que no puedo describir pero que es lo más parecido al que siente quien es acechado por algo sombrío.

Como fuera, logré convencer a mi marido y terminamos dejando aquel sitio de misterios. Si no lo hubiera vivido, y me lo hubieran contando, simplemente lo consideraría un “exceso de imaginación”.








Breve reseña biográfica de la autora

Nilda Josefa Boni nildaboni@yahoo.com.ar- Nacida en Los Galpones (San Javier) en 1945, disfrutó de una infancia de campo y luego de ciudad. Tuvo una vida azarosa y es ejemplo de lucha y autoderminación a favor de la vida. En 2006 terminó de redactar una autobiografía (todavía inédita) en la que narra peripecias y situaciones de dolor y de sacrificios extremos hasta lograr su "liberación" (como le gusta decir). Actualmente trabaja en el IPS (delegación A. del Valle). Es miembro de AVE, le gusta escribir poesía y breves relatos donde rescata vivencias de años pasados. Sus temas preferidos: la niñez vivida en el campo, las luchas diarias de los agricultores, las leyendas regionales, los cuentos de aparecidos, el sosiego de la vida en contacto con la Naturaleza, la sabiduría de los viejos, el amor puesto en las recetas de cocina, las niñas enamoradas... sus trabajos han sido publicados en diversas antologías provinciales y publicaciones periódicas locales.

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