Las Lágrimas del Pombero
Anibal de Grecia
Oberá (Mnes)
Ese sábado Luis Salió temprano camino al monte; no solía ir de mañana, pero ese día estaba de ánimo y por otro lado ganaba tiempo para que la noche no lo sorprenda como suele ocurrir.
Desde sus primeros pasos después de cruzar el puentecito sintió que algo lo seguía, en seguida un viento lo sopló desde atrás con violencia, pero lo extraño fue que se detuvo unos metros adelante, luego renació de entre los yuyos bajos y volvió a atacarlo esta vez de frente. Sintió que la piel se le erizaba involuntariamente pero siguió caminando monte adentro. Después de un par de quilómetros la sensación de que lo perseguían continuaba. Sentía ahora una brisa suave que avanzaba a un costado.
Decidió descansar al lado de un arroyito, bebió un poco de agua, se sentó y recorrió con la vista todo su entorno, pasaron diez minutos y su sospecha se hizo presente, ¡El pombero! gritó.
sí, sí soy yo, pero no te asustes, no vengo a hacerte daño; solo quiero hablar Luis, solo necesito hablar.
¿Hablar?
sí Luis solo quiero hablar…
pero ¿cómo sabes mi nombre?
es que siempre ando por el pueblo, y vos en tu casa tenes animales. Algunas cosas de las que se dicen son ciertas viste, lo de las gallinas por ejemplo, otras no…
¿y que cosas no son ciertas por ejemplo?
y…, mirá esta es una de las cosas de las que te quería hablar; estoy un poco arto de me echen la culpa de tantas cosas y casos. ¿Te acordas lo de la mujer de Aguirre, que se perdió en el monte y estuvo desaparecida durante un mes y salieron diciendo que se la llevó el Pombero, que la violó y no sé que más?
Ah sí, sí me acuerdo. Pero parece que le gustó que la raptes, después andaba contando unas historias que te son favorables. ¡La pucha! Y hablando de eso por que no te tapas un poquito che, que me da impresión.
ah sí disculpame. Bueno mirá, el caso es que yo no tuve nada que ver con la Aguirre. Ella se venía viendo hacía un tiempo ya con el Petaco Barbosa, el que vive frente al yerbal de Arruda. Y la tarde esa, en la que ella se perdió, el la estaba esperando unos cien metros adentro en el monte donde está el Loro grande, se internaron unos cinco kilómetros después de acá, hicieron una choza y se refugiaron ahí, el resto te imaginás. Así que, que Pombero ni Pombero, ojalá hubiese sido yo. Y te digo la verdad, cuidado con el Petaco ese que si supieran las otras mujeres del pueblo de sus atributos, se les complica la cosa a los maridos, eh.
entonces, en los otros casos como el de la Rodriguez, la Lili García, la Rosa del Chito, la Negra Echavez, la gorda Fernandez, la María… ¿vos no tuviste nada que ver?
eh…, bueno, te dije que no soy culpable de todos los casos; la Rosa sí, pero no me la llevé a la fuerza, ella me buscó, y lo que pasó durante esos 13 meses fue con su consentimiento. ¿Viste la cara del gurisito? ¿No lo encontras parecido a mí?
tenés razón…; y eso fue justo después de lo de la Aguirre.
sí. Bueno, sigo con lo que te quería decir. Yo antes tenía para rebuscarme en el monte ¿sabes? pero ahora está todo complicado.
Luis se sorprende y se sienta, se pone cómodo para escucharlo más atentamente. El pombero sigue:
La Pombera se me fue…
¿la Pombera? No sabía que tenías una pombera.
por supuesto chamigo, no siempre estuve sólo. Ella se fue por que dijo que no aguantaba más esta invasión; ustedes están copando todo no sé si te diste cuenta. Se sentía asfixiada. Nosotros antes recorríamos kilómetros y kilómetros en el monte, ahora haces un par y ya te encontrás con un pueblo, una ruta o esos montes muertos de
Pinos. Vos que solés andar por acá te tenés que dar cuenta.
No te imaginás como la extraño a la flaca, la pasábamos muy bien.
Luis agachó la cabeza, suspiró muy profundamente y le dijo:
entonces te pido perdón, en nombre de todos; pero sé que yo también soy culpable.
No se atrevía a mirarlo a los ojos, pero algo cambiado, ahora ya no era el miedo el que lo abordaba, sino una inmensa vergüenza que nacía desde las entrañas de su condición de Hombre.
Se inclinó para beber del arroyo, pero antes de llegar a tocar el agua con las manos el Pombero le llamó la atención:
¡no! Cuidado, no tomés esa agua, está contaminada, ya se murieron unos cuantos animales que tomaron agua de este arroyito acá por la zona.
Luis lo miró con más tristeza. Sacó una Coca Cola chica de la mochila y bebió.
esa también está contaminada... Dijo el Pombero.
Me voy amigo dijo Luis.
Se miraron una vez y Luis emprendió la vuelta. Sintió ganas de saludarlo con un abrazo. Miró una vez más para atrás y vió que el tipo de la leyenda tenía lágrimas en las mejillas barbudas. Se dio cuenta que había descubierto algo más ese día; el Pombero también llora.
Breve reseña biográfica del autor
Aníbal Benítez -anibaldegrecia@yahoo.com.ar- Nacido en Capital Federal (Bs. As.) en 1.974. En Magdalena Bs. As. Integró el Grupo “Flores del mal” (1.996-1.998), radicado en Oberá Misiones desde el año 2.000. Actualmente Integra el Grupo Literario In Visible. (Oberá) creado en 2.005. web: www.grupoinvisible.blogspot.com Director revista Literaria Viga Poética. Conductor junto a Emiliano Malaquías del programa cultural “Una Temporada en el Infierno” (año 2007) 101.1 FM Integración. Actualmente conduce “Encadenados Rockturnos” (Música, Humor, Literatura) en FM Oxigeno 99.3 www.fmoxigeno993 - encadenadosrockturnos@hotmail.com