La novia de Kurupí
Amado Orue
Pto Piray (Mnes)
Era un lugar paradisíaco. En un pequeño claro del alto bosque se encontraba el remanso del arroyo, una piscina natural maravillosa. Se abastecía de un precioso salto que caía de aproximadamente unos veinte metros de altura y en las hendijas de la roca maciza crecían diversas plantas, entre los que sobresalía los güembé de grandes hojas. Al pie de la caída del salto se iniciaba el estanque y el arroyo continuaba como un desagüe de la laguna en un angosto y torrentoso lecho que se perdía en la espesura. En las orillas del remanso había bancos de blancas arena y algunos peñascos. Después venían los altos helechos que continuaban como sotobosque de la inmensa selva.
Estaban alegremente jugando con las cristalinas aguas un grupo de jóvenes muchachas de la aldea vecina. Algunas muy jóvenes, casi niñas. Completamente desnudas, con los núbiles senos al aire y el sexo cubierto de incipientes vellos.
Oculto, agazapado tras los helechos un ser observaba con entusiasmo el juego de las muchachas. Era un ser de aspecto simiesco, con brazos largos y espalda ligeramente encorvada, pobladas cejas negras; cabello hirsuto, piel escamosa y, lo más llamativo, una verga extraordinariamente larga, que en estado de reposo lo tenía en tres vueltas enrollada en la cintura.
A medida que el entusiasmo aumentaba el pene se iba desenrollando y el glande tomaba una coloración rojo oscuro debido a la excitación. El ser pegó un salto cayéndose en medio de las muchachas. La verga salió disparada como un látigo enrollándose en la cintura de la más bella, quién quedó completamente paralizada. Las demás salieron gritando de la laguna y se ocultaron tras los helechos desde donde observaban los acontecimientos. El duende, pues de un duende se trataba, aflojó la tensión de la verga en la cintura de la muchacha y con el glande inflamado comenzó a explorar el cuerpo de la chica; acarició minuciosamente cada uno de los senos; recorrió los glúteos, los muslos y comenzó a introducirse en la vagina. La muchacha dejó escapar un estridente grito de dolor y el agua que estaba azul en su alrededor se fue tiñendo de rojo. El acto sexual le producía un placer tan intenso que le hacía continuar gritando desesperadamente. Los animales que estaban por los alrededores habían rodeado subrepticiamente la laguna y al primer grito de la chica comenzaron a hacer un alboroto infernal, como si quisieran ahogar el lamento de la niña. Se escuchó también un trueno lejano que produjo un estremecimiento a la tierra. También las otras chicas que habían salido del estanque se pusieron a llorar a los gritos. En un momento dado, cuando la muchacha ya estaba por desfallecer, el duende se retiró del cuerpo de ella y de un salto desapareció en la espesura de la selva.
Inmediatamente cesaron los gritos y cayó sobre el lugar un silencio tenso. La joven desfalleciente iba hundiéndose en las aguas cuando rápidamente aparecieron las otras muchachas que pudieron socorrerla. La reanimaron y la llevaron, sosteniéndola, hasta la aldea.
La joven nunca se recuperó completamente. Vivía aislada y encerrada en un profundo mutismo. Se volvió hermosísima pero ningún mozo de la aldea se le acercaba por temor al duende que era profundamente celoso y cruelmente vengativo. De todas maneras, ya ningún varón normal podría darle el intenso placer sexual que solamente puede proporcionarle el duende, de manera que a los jóvenes de la aldea no le interesaba en absoluto. El duende le protegía. En la puerta de su choza amanecían exquisitas frutas, deliciosas mieles silvestres y piezas pequeñas de caza para que pueda alimentarse. También las más hermosas y fragantes flores.
De vez en cuando simplemente desaparecía para regresar, más tarde, con un brillo de plena satisfacción en los ojos y más hermosa que nunca.
Breve reseña biográfica del autor
Orue Amado -quimeraeldorado@yahoo.com.ar- Poeta residente en la localidad de Pto Piray (Mnes) Director de la Revista Quimera de Eldorado (Mnes)