El Pombero
Sonia Ríos
Eldorado (Mnes)
Las siestas siempre tuvieron una especie de magia, sobre todo en verano cuando el sol quema la tierra roja, en ese pueblito de Misiones, casi olvidado por la mano de Dios.
Era pleno enero, el sol demostraba todo su poder sobre el viento norte que movía las hojas de los chivatos, cuyas sombras se hacían cada vez más espesas.
La casa quedaba a tan solo tres cuadras del río. El silencio era ensordecedor, Juan descansaba en la galería de la casa mirando la nada, aburrido y esperando que se terminara la infinita siesta. De pronto una bandada de gorriones rompe la quietud con sus gritos y de a uno van posándose en el chivato más grande de la cuadra, que pareciera que los estaba esperando con los brazos abiertos.
Juan, levantándose de un salto se apresura hasta la cocina y busca dentro de un cajón su tesoro más preciado, la honda verde. Regalo que le había hecho su tío Alberto para su último cumpleaños.
La sonrisa se le dibujaba en el rostro adolescente produciéndole dos pequeños hoyuelos a los costados de la cara, lo que hacía que sus hermosos ojos marrones parecieran más claros de lo normal. Se aseguró de que su mamá estaba bien dormida y se colocó la honda en la cintura.
Presuroso y con los pies descalzos, corrió hacia la calle ocultándose detrás del primer árbol que encontró. Sintió que la planta de sus pies ardían, no le importó. Muy despacio, sacó la honda que había sujetado a su bolsillo trasero y lentamente se agachó a tomar la primera piedra que estaba en el suelo. Cerrando el ojo derecho y apuntando con su arma hacia el chivato de enfrente, en donde se encontraba la bandada, lanzó certeramente su primer hondazo, la huida de los pájaros no se hizo esperar. Juan corrió hacia el lugar y vio como su primera víctima yacía en el suelo con un penacho rojo en su pecho, todavía se podía ver como el pequeño pájaro pataleaba entre la vida y la muerte. Sin dudarlo, Juan lo agarró de las patitas para meterlo dentro de una bolsita de tela que su madre tenía en al cocina para guardar los restos de pan. Colgándose la bolsita en su bolsillo trasero, siguió con la mirada al resto de la bandada, que ya se había apropiado de otro chivato que se encontraba una cuadra más arriba.
Así por quien sabe cuanto tiempo el jovencito continuó con su juego mortal hasta quedar a la orilla del río, lugar al que casi sin querer lo fue llevando la bandada de pájaros. No se había dado cuenta de que hacía un buen rato, alguien lo observaba atentamente.
De pronto en la barranca, a la orilla del río se meneaba un hermoso pájaro, envidia de cualquier cazador. Juan como si fuese un experto, volvió a colocarse en posición, apuntando al pájaro, pero…de pronto, al intentar tirar, no pudo, una fuerza lo sujetaba del brazo y al fijar su vista en el pájaro, vio como éste se convertía en un ser peludo y horrible, con un gran sombrero de paja y una rama que hacia las veces de bastón. Al mirarlo fijamente, observó como esa figura peluda le sonreía, con una sonrisa diabólica y de venganza.
Pasado unos días, unos vecinos murmuraban en la esquina de la casa de Juan: “parece que vio al pombero”, “se quedó mudo porque dice que andaba matando pájaros y vio al karaí pyharé, a él no le gusta que se mate a los pájaros.” Así seguían los comentarios en el pueblo y la gente se juntaba cerca de la casa de Juan para ver lo que pasaba.
Adentro de la casa, en una habitación muy limpia y fresca, descansaba Juancito entre las sábanas limpias que le preparaba su madre. Todas las siestas, cuando el sol rajaba la tierra, se abrían las ventanas para que la brisa suave pudiera refrescar la pieza, era en ese preciso momento cuando Juan se desesperaba y como si quisiera contar algo o gritar, daba vueltas en la cama como si fuese un loco. Su madre que no intuía lo que pasaba, trataba de tranquilizarlo y le proporcionaba los medicamentos, cuando ella se alejaba y Juan quedaba solo, podía ver por la ventana en la rama del paraíso más cercano, a esa figura peluda y con un sombrero de paja, que se sonreía burlonamente y de su cuello colgaba la honda verde, regalo de su cumpleaños.
Breve reseña biográfica de la autora
Sonia Ríos: soniarios@argentina.com- Nacida en Posadas, Misiones, actualmente residente de la ciudad de Eldorado Producción general de FM 100.7,Eldorado Radio Show, técnico en periodismo digital, redacción de www.nortemisionero.com.ar. Diagramación Revista Norte Misionero. Corresponsal diario Primera Edición de la provincia de Misiones. Participante del Encuentro de Escritores de Eldorado desde el año 2006.