Sombrero Ka’a
de Daniel Ustares
Eldorado (Mnes-RA)
Trabajaba de mensú en el yerbal de García, a las órdenes de un capanga tan malo que ni su mujer lo quería.
Ella le pidió al marido “que le mande un peón para hacer los mandados y las tareas pesadas”.
El capanga lo mandó al nuevo; le decían “sombrero”, porque tenía un sombrero de paja que nunca se sacaba, y como era nuevo casi nadie sabía su nombre.
Con toda diligencia hacía las tareas encomendadas y volvía presuroso a seguir tarefeando. Pero cada vez la mujer le daba mas tareas y cuando terminaba le ofrecía sonriente, un vaso de agua, algo de pan o jugo de frutas.
Él aceptaba con vergüenza y timidez, hasta que un día al devolverle el vaso ella retuvo la mano callosa entre las suyas de seda.
Un calor nuevo inundó los cuerpos, un calor nuevo quemó la sangre. Salió corriendo yerbal adentro hasta perderse detrás del cielo.
Al otro día cuando terminó sus tareas, no hizo falta ni dar las gracias, sus ojos rojos de sangre ardieron.
Y fueron brazas para quemar los sueños verdes que iban naciendo en cada encuentro entre miradas y terremotos.
Pero el amor, como la tos, no se puede disimular.
Para “sacar el pecado” ella se metía al “ysyry”, que como bien sabemos lava los pecados y devuelve vida. Pero meterse al arroyo en verano es como entrar al cielo, pero cuando llegan las heladas todo cambia.
Algunos comenzaron a darse cuenta, ella cambió; le hablaba a las plantas mientras pensaba en su amor de sueños.
Cuando lo veían pasar, los mensúes comentaban: “Ahí va el sombrero a cumplir con las tareas que le encomienda la doña”. Y se reían, y se burlaban porque nadie lo quería y muchos le tenían miedo al panzudo capanga.
En el pueblo comenzó a correr la noticia de que un obrero del yerbal “visitaba” a la mujer del capanga.
Como no sabían su nombre comenzaron a decir “Allá va el sombrero del yerbal para hacerle el servicio a la mujer del patrón”
Así nació el apodo, y como los mensuales sólo hablaban guaraní, decían “Allá va el sombrero ka’à” que como sabemos quiere decir sombrero de yerba o sombrero del yerbal.
Un día el capanga volvió antes de lo previsto del viaje a la capital y grande fue su sorpresa al encontrar otro palomo en su nido.
La lucha fue terrible, chispas al encontrarse los machetes y fuego en los ojos cargados de amor unos y de odio otros.
El suelo comenzó a teñirse de rojo. Ninguno cedía, las heridas superficiales no los hacían retroceder. Hasta que el momento fatal llegó. Una finta de más y un cruce inesperado dejó a la vista el blanco abdomen abierto por un instante para llenarse de sangre que a borbotones apagaba la vida del capanga; al caer alcanzó a dar el último machetazo en el cuello del mensú que dio un paso más y cayó tan solo su cuerpo ya vacío, sin alma, sin vida y sin sueños.
La mujer enloquecida, corrió entre el yerbal dejando a sus dos amores regando el suelo con su sangre espesa.
Así anduvo días y noches, hasta que el cansancio la venció, se recostó en las raíces de una planta de yerba y ya no despertó.
Cada vez que una mujer casada tiene un amante, a éste le dicen “sombrero ka’á” recordando aquel amor entre “raídos”.
Breve Reseña biográfica del autor
Ustares Daniel (danielustares@hotmail.com) Oriundo de Posadas (Mnes) reside en Eldorado es integrante activo del Grupo Literario Dementeazul Publicó “Razones” (Edic. del autor en Septiembre de 2005) Escribe canciones y una de ellas referente al Acuífero Guaraní recibió premios en Brasil. Rescatador de imágenes populares de alto contenido social y ecologista.